El pensamiento llega solo ante la noticia: Si no hubiésemos olvidado a la mayoría de su generación, si no fuera extranjero (extranjero de Paraguay, no extranjero como Hugo Pratt) y no hubiese hecho toda su carrera en Columba sería nuestro Stan Lee. Nada tenía que envidiarle Robin Wood (que se llamaba así, en un mundo de seudónimos, como el Ray Collins que usaba Eugenio Zappietro) al cerebro de la Marvel en su capacidad de escribir varios guiones al mes, con la diferencia que el estadounidense por ahí podía escribir al pie del tablero de Jack Kirby, mientras que Wood lo hizo muchas veces a la distancia, desde el camarote de un barco mercante.


































