Dos cosas sobresalen de la lectura de las novelas de Guillermo Martínez. Una es el funcionamiento de las tramas, sostenidas muchas veces en una intriga, como mecanismos de relojería. La otra, la presencia de personajes que, independientemente de su gravitación para el desarrollo de la historia, tienen la complejidad de un poliedro. Múltiples caras que revelan facetas distintas. Tal vez su formación científica (es doctor en Matemáticas) explique la precisión de sus intrigas literarias. Y pueda ser un argumento para explicar el hecho de que sus obras fueron utilizadas desde otra disciplina como el cine, por directores bien disímiles.




































