-Enseñar para mí es un disfrute diario. La docencia es una vocación y a mí me encanta enseñar, la manera de aprender profundamente una disciplina es enseñarla, porque te amplía el rango de escucha, te obliga a repensar cosas que creías seguras o fijas, porque aprendés de empatía, solidaridad, paciencia. Hace varios años, cuando todavía daba la cátedra de Técnica Vocal orientación tango y folclore en el Instituto Superior de Música del SAdeM, una alumna llegó indignada a la clase porque el profe de trabajo corporal les había dado como tarea leer “El origen de la tragedia” de Nietzsche, entonces me dice “Yo elegí esta carrera porque no quiero leer”. A lo que yo le contesté: ¿Sabés qué pasa? Uno canta con todo lo que ha vivido, escuchado y leído, entonces cuanto más leas, más vas a tener para decir a la hora de cantar. También cuando sos maestro, tenés el desafío de bajarte de ese pedestal de sabiduría irreductible en el que suelen ponerse los docentes, siempre habrá cosas que no podré responder, siempre cometeré errores, y eso se traslada automáticamente a la hora de cantar. No se si esto responde a la pregunta pero te aseguro que cuando les digo algo a mis alumnos, inevitablemente me lo digo a mí misma y eso me nutre a la hora de cantar.