-Desde ya que sí. De todas maneras, siempre es bueno que la creatividad y la creación, sobre todo de la gente joven, pueda tener circulación. Hoy a través de Internet, que también es un universo en expansión y un lugar donde la búsqueda es caótica, hay muchísimos blogs y revistas literarias digitales. Muchos lugares donde buscar poesía. Ese océano es muy vasto. Cuando publiqué el primer poemario, hace 40 años, era ir al Parque Rivadavia de Buenos Aires donde circulaba la poesía. En Santa Fe seguramente había lugares similares. Recuerdo la mítica revista rosarina “El lagrimal trifurca”, donde publicaba Elvio Gandolfo y otra gente talentosa. También eran lugares que había que buscar y eso tenía un grado de aventura para poder encontrarse con ese mundo. Hoy es básicamente virtual, hay que bucear en Internet para encontrar lugares donde publicar por sí mismo y ser reconocido. La pandemia plantea hacia adelante más virtualidad. Por supuesto que siempre debería haber lugares y la palabra, la poesía y la escritura siempre deberían ser promovidas. La creatividad siempre debería ser promovida, ahí deberían intervenir los Estados. Para generar esa promoción. Pero, en el fondo, nada va a detener que en este mismo instante en que estamos hablando, en muchos lugares del mundo haya gente que necesita escribir y esos textos sean poéticos y traten de ser compartidos.