—Creo que los libros infantiles no tienen un límite de edad para ser leídos. De hecho, mi biblioteca está llena de “cuentos infantiles” que compré para mí, además de todos los libros que le compro a Tobías, mi hijo. Porque según la edad, el recorrido lector, las vivencias que hayamos tenido y las cosas con las que resonamos, cada persona hace su propia lectura e interpretación. Los libros tienen distintas capas, como los suelos. El libro lo pensamos para las niñas y los niños, pero también para los padres y las personas adultas encargadas de cuidarlos y resguardar su integridad. Por eso en la contratapa hay un código QR desde donde se puede descargar una guía de lectura y de trabajo con la historia. Y lo ideal es que lo lean acompañados de una persona adulta, mamá, papá, maestra o persona a cargo para que puedan orientarlos e ir evacuando sus dudas, inquietudes o preguntas que les vayan surgiendo. En la guía de lectura, además, se encuentran algunos conceptos importantes para transmitirles a las niñas y niños, como el cuidado de sus partes íntimas; que el amor hace bien, que si algo no les hace bien o los hace sentir mal, eso no es amor; que aprendan a respetar lo que sienten, y si sienten que algo no les gusta, que si sienten que no quieren hacer algo, que no lo hagan. Que puedan decir: “NO”. El tema de los secretos: los secretos que se pueden guardar y los que no. Tanto para hacer el libro como la guía de lectura, fuimos asesoradas por profesionales del Servicio de Salud Mental del Hospital Materno Infantil San Roque, de Paraná, Entre Ríos, Argentina, la Licenciada en psicología Luciana Andrés y el Licenciado Emanuel Nesa, Jefe del Servicio de Salud Mental de dicho hospital, quienes me fueron guiando en el uso de algunas palabras y personajes de la historia.
Gracias a la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) que fue sancionada en nuestro país en el año 2006, todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información al respecto, tanto en los establecimientos públicos como privados, es decir, en todos los jardines, colegios primarios y secundarios del país. Eso es muy bueno. Cuando yo era niña (ahora tengo 43 años) no se solía hablar de estas cosas. Al menos mis padres no lo hacían conmigo. Y en las escuela, menos que menos. Hoy en cambio, yo hablo mucho con Tobi sobre estas cuestiones. El sabe la razón por la que hice el libro, lo que me pasó a mí de chica, transmitido y explicado acorde a su edad, claro.