De Marilyn han trascendido numerosos trucos de belleza. Se sabe, por ejemplo, que para conseguir su reconocible brillo ante las cámaras, solía aplicarse una gruesa capa de vaselina o de Nivea Crème (la icónica lata azul) antes del maquillaje. Además, Marilyn tenía una piel naturalmente seca, con lo que utilizaba cremas untuosas y muy hidratantes para nutrirla: un bálsamo creado por el dermatólogo Erno Laszlo con base botánica creado exclusivamente para ella con el nombre de Phormula 3-8 y que años después se comercializaría como Phormula 3-9, una hidratante multiuso (Active Phetilyl Cream, de Erno Laszlo) y la legendaria Eight Hour de Elizabeth Arden. Es conocido también que para obtener su reconocible rojo de labios pedía a su maquilladora que mezclara hasta cinco tonos distintos (aplicando los más oscuros en las comisuras y los más claros, en el centro), con lo que conseguía un efecto de mayor volumen. Y su relación con el perfume Chanel Nº5 escribió una página en la historia, pero no todo el mundo conoce que la actriz no solo lo utilizaba para ir a dormir (se aplicaba cinco gotas en la piel) sino también como parte de su rutina tonificante: solía vertir un poco de la fragancia en sus famosos baños de hielo con los que mantenía la piel más firme.