Hay diferentes teorías sobre el motivo de la celebración de esta festividad. La explicación más apoyada sitúa el origen de la tradición a finales del siglo XVI, cuando Francia modificó la fecha que marcaba el cambio de año. Hasta 1563, en varios dominios de la corona gala la celebración se hacía coincidiendo con la llegada de la primavera. Unos años más tarde, en 1582, el Vaticano recogió la idea de iniciarlo en enero y la incorporó al calendario gregoriano. Entonces el Año Nuevo solía celebrarse el 25 de marzo y se alargaba hasta el 1 de abril. Sin embargo, al adoptar el calendario gregoriano ya se situó el 1 de enero como el día de Año Nuevo.