Tras su fallecimiento la mujer permaneció con las piernas cruzadas y flexionadas, la cabeza inclinada hacia la derecha y la mandíbula desencajada, en un gesto que muchos vincularon con expresiones cercanas al dolor y el espanto. En los preparativos para su vida de ultratumba, nadie pudo o quiso modificar aquellas facciones. "Tenemos que asumir que los embalsamadores probablemente momificaron el cuerpo contraído de 'la mujer que grita' antes de que se descompusiera o relajara", detalla Hawass. "No pudieron, por tanto, lograr que la boca quedara cerrada ni poner el cuerpo en posición relajada y acostado, como era habitual con otras momias, preservando así su expresión facial y la postura que tenía en el momento de su fallecimiento", recalca el egiptólogo, que intenta también a través de la tecnología de descifrar su identidad.