-Los medicamentos tienen una trazabilidad en su comercialización. Desde la producción en un laboratorio hay una distribución, a la llegada a una oficina de farmacia que es el modo legal. En cada una de las etapas está bajo el control y la supervisión de un profesional farmacéutico. Es el director técnico y el responsable de la conservación y de la seguridad de ese medicamento. De ahí hasta el paciente. La venta de los medicamentos por fuera de las farmacias es ilegal y se realiza sin una factura de compra ni una factura de venta porque es una transacción ilegal que no se puede hacer. El trabajador que, para la olla de su familia, que es un laburante, que tiene un kiosco o un salón de ventas se mete en una cadena ilegal. Para mí, sin conocer verdaderamente la gravedad del acto que está cometiendo. Tiene medicamentos porque viene la gente y le pide. Esa es la respuesta que va a dar el kioskero de la esquina. En realidad, comete un delito porque el medicamento que se vende figura de venta bajo receta. Esto está tipificado como delito en el código penal. Establece una prisión de seis meses a tres años a quien vendiese medicamentos bajo receta sin estar habilitado. Si va por el DREI un inspector municipal y se encuentra un medicamento bajo receta en un kiosco, debería denunciarlo a la Justicia penal porque por su condición de funcionario toma conocimiento de la concreción de un delito.