Es difícil continuar escribiendo el cuento después del cierre perfecto, de aquella clausura convertida en despedida obligatoria: “Fueron felices y comieron perdices”. Pero Disney se anima a revivir uno de sus éxitos más inesperados, un musical modesto de fines de los 2000 que combinaba el espíritu de los clásicos con cierta ironía propia de la deconstrucción. Encantada (2007) tuvo ese sueño imposible de asimilarse a un género que agonizaba desde hacía años, y lo hizo desde una apuesta astuta y divertida, con un claro sentido de la comedia, canciones pegadizas y una heroína perfecta como la Giselle de Amy Adams. Volver a ese instante de imprevisible triunfo fue un desafío postergado a lo largo de quince años, que terminó confirmando que quizás reescribir los finales perfectos no sea tan buena idea.
































