Nasry Asfura, empresario y exalcalde de Tegucigalpa, asumió para un mandato de cuatro años con un discurso centrado en “trabajar” y dar respuestas rápidas a la crisis social, la violencia y el estancamiento económico.
El conservador de 67 años juró este martes como presidente en el Congreso de Tegucigalpa y anticipó un plan contra el crimen, la pobreza y la corrupción. También planteó reordenar la política exterior: Washington espera negociar comercio y el nuevo gobierno busca recomponer lazos con Taiwán.

Nasry Asfura, empresario y exalcalde de Tegucigalpa, asumió para un mandato de cuatro años con un discurso centrado en “trabajar” y dar respuestas rápidas a la crisis social, la violencia y el estancamiento económico.
En el acto en el Congreso, el nuevo mandatario pidió respaldo político para implementar reformas y sostuvo que no hay tiempo que perder. Su administración llega con la promesa de atraer inversión, crear empleo y aplicar austeridad en el gasto público.
El cuadro de base incluye un sistema de salud tensionado: en 2025, trabajadores sanitarios realizaron una huelga de casi un mes por salarios adeudados y faltantes de insumos..
En política exterior, Asfura aseguró que buscará restablecer relaciones diplomáticas con Taiwán, cortadas en 2023 durante el gobierno saliente de Xiomara Castro. El movimiento sería un golpe diplomático para China en la región.
Estados Unidos, en paralelo, dijo en los últimos días que apunta a iniciar “lo antes posible” negociaciones por un acuerdo comercial bilateral con Honduras, en una agenda atravesada por seguridad y migración.
La asunción llegó luego de meses de conflicto electoral y denuncias de fraude en un comicio definido por un margen estrecho: victoria por unos 26.000 votos sobre el candidato centrista Salvador Nasralla, en un clima de fuerte polarización.
Aunque el partido de Asfura cuenta con mayoría simple, el nuevo presidente necesitará acuerdos con fuerzas rivales para aprobar tratados internacionales o cambios constitucionales, en un Congreso atravesado por la disputa poselectoral.
Honduras inicia así un nuevo ciclo político con promesas de orden interno y una brújula geopolítica más cercana a Washington, pero con desafíos inmediatos: salud pública, empleo y seguridad serán el termómetro real de la calle.




