El empresario Diego Brito, de 33 años, sale satisfecho de la galería de tiro tras disparar 50 balas con su Glock. El brasileño va todas las semanas a practicar con alguna de sus 12 armas de fuego. Su pasión y las compras han ido aumentando tanto con los años, que este mes ha adquirido tres más. “Pero no crea que salí con ellas de la tienda. Tengo que esperar todos los trámites. Las recibiré dentro de cinco meses por lo menos, a veces tardan hasta un año”, asegura en el club de tiro Black Beard, uno de los mayores del estado de São Paulo. Queda en Salto de Pirapora, una ciudad entregada al presidente Jair Bolsonaro.


































