El estrecho de Taiwán se ha consolidado como uno de los epicentros de la tensión geopolítica global, con el potencial de desencadenar un conflicto de escala mundial. La rivalidad entre China y Taiwán, exacerbada por la creciente presión militar de Beijing (castellanizado: Pekín), el rol de Estados Unidos como aliado de Taipéi, y las dinámicas que involucran a la OTAN, Rusia y la Unión Europea, configuran un escenario de alta complejidad.
































