La carretera serpentea junto a un río formado por tres glaciares y atraviesa las laderas del Mont Blanc, la frontera natural donde convergen a 4.000 metros de altura Suiza, Italia y Francia. El tramo recorre 700 metros, pero la naturaleza y los cálculos matemáticos de los geólogos solo conceden 58 segundos para llegar al otro lado del control. “No se detenga”, advierte uno de los guardias que vigila uno de los extremos del acceso desde que este verano el Ayuntamiento decidió cortar la vía.
































