Carolina del Sur no ha ejecutado a ninguno de los 37 hombres que esperan su turno en el corredor de la muerte desde hace una década. La razón es sencilla: el método que eligen los condenados para su muerte es la inyección letal y los correccionales no tienen uno de los fármacos necesarios para que el reo no sufra una muerte larga y atroz. Hasta el momento, la legislación de ese Estado sureño les permitía elegir entre la inyección letal y la silla eléctrica, por lo que los presos se decantaban por la primera opción y así postergaban su día final.































