El liderazgo suele asociarse con habilidades visibles como la toma de decisiones, la comunicación o la capacidad de influir en otros. Sin embargo, detrás de esas competencias hay un aspecto menos evidente, pero igual de determinante: la autoestima. La forma en que una persona se percibe a sí misma impacta directamente en cómo lidera, en las decisiones que toma y en los vínculos que construye con su equipo.

































