Llegar a los 50 no implica renunciar a la moda ni seguir reglas estrictas. La diferencia real surge en la forma de interpretar tendencias que, aunque siguen siendo parecidas a las de la década anterior, empiezan a alejarse de ciertos excesos más propios de la adolescencia o los 20s, como desgastes, roturas marcadas o prendas demasiado holgadas que pierden la forma del cuerpo.




































