Desde que somos niños, nuestro nombre se convierte en una parte esencial de nuestra identidad. Es lo primero que aprendemos a escribir, lo que nos diferencia de los demás y, en muchas ocasiones, lo que condiciona la percepción que los demás tienen de nosotros. La elección de un nombre es un asunto de gran importancia en muchas culturas, y puede ser mucho más que una simple etiqueta, es una pieza clave en la construcción de nuestra personalidad.



































