"Cuando una persona con discapacidad recibe un buen trato, se convierte en un motor de recomendación para destinos turísticos, aerolíneas y restaurantes. Está comprobado que si alguien es tratado bien, tiende a compartir su experiencia positiva. Por otro lado, hay una razón económica para tener en cuenta. Según la Organización Mundial del Turismo, una persona con discapacidad deja un promedio de 260 dólares adicionales por día en la ciudad que visita. Esto se debe a que rara vez viajan solos, siempre están acompañados, y también debido a las necesidades de movilidad que implican tomar taxis o utilizar otros medios de transporte. Por lo tanto, para los hoteleros y funcionarios municipales, si no se preocupan por razones de empatía humana, al menos deberían considerar el impacto económico que puede tener el turismo de personas con discapacidad", enfatizó la experta.