Y es que, si bien hay ya un proyecto del oficialismo que cuenta con media sanción del Senado, y cumple los estándares de representación fijados por la Corte (y por la Constitución) e incluso algunos más, como suele suceder con las iniciativas del kirchnerismo para con la Justicia, los objetivos preeminentes son otros. Para el caso, que no sea la Corte (verbigracia, Rosatti) quien presida el Consejo. Por eso tal es el punto crucial que, si no se modifica, bloqueará la aprobación en Diputados, donde la oposición está abroquelada en defensa de esa asignación. Hay otras cuestiones no menos importantes, como la paridad o la composición federal, que fueron incluidas más para sumar adhesiones que por convicción; y otras ignoradas, como el controvertido sistema de puntajes en favor de los concursantes que pertenecen al Poder Judicial frente a los profesionales del Derecho autónomos, y la arbitrariedad habilitada por el mecanismo de entrevistas. Porque lo que importa es Rosatti.