Plantas abiertas para que circule la gente y se faciliten las funciones. Miradores al río y a la ciudad. Mármol botticino en volúmenes que remiten a la dimensión del Palacio abierto a las llanuras interminables desde la escuela de Sarmiento. Líneas y murales que reseñan el moderno urbanismo progresista en versión latinoamericana, de Le Corbusier a Niemeyer. El edificio entre la avenida 27 de febrero y la plazoleta Blandengues, frente al puerto que debería ser pero tampoco es, nos acusa.



































