Hacia el fin del siglo XX inventaron un juego de espiar, competir y participar desde fuera. Para la vida desde el sofá del living un entretenimiento con poco esfuerzo. Al mejor estilo psiquiátrico, "el que participa pertenece". John de Mol, su creador, lo puso en acción en 1999. Activó la espoleta y la explosión cambió un sistema de comunicación. A poco, la inclusión se hizo visible. No hay nadie fuera.




































