La Inteligencia Artificial (IA) está transformando la arena global, desafiando nuestras comprensiones tradicionales de las Relaciones Internacionales y su lógica de poder. Este fenómeno nos lleva a cuestionar si la IA debería considerarse un actor autónomo con la capacidad de influir independientemente en la política mundial o si sigue siendo una herramienta en manos de los Estados y organismos internacionales.

































