Javier Milei cumplió dos meses de gobierno durante su estadía en Roma, desde donde usó las redes sociales, dio instrucciones y echó a dos funcionarios. Sesenta días es poco tiempo para juzgar como para intentar un balance serio, pero pasaron cosas y algunas conclusiones se pueden sacar. Aparentemente, su muy importante capital político lo constituye el hecho de que lo que prometió en campaña lo intentó cumplir, pero todavía con muy exiguos resultados. Comparado con otros candidatos-presidentes lo de Milei es meritorio. No cambió el mensaje aunque si tuvo que negociar y flexibilizar muchas posiciones. Pero todo esto no significa que Milei esté en lo cierto en cuanto a diagnóstico o medidas a adoptar.


































