La patria está triste, con una tristeza melancólica que arrastra desde hace décadas y de la que no se puede desprender. Quizás empezó allá lejos, hace más de doscientos años con la Gesta de la Revolución, con el ímpetu de nuestros hombres de Mayo de 1810, y se prolongó indefinidamente cuando los ideales no hallaron el camino para echar raíces.

































