A Pepe Mujica lo conocí porque integré como periodista una comitiva que lo acompañó durante una semana en una gira electoral. Lo vi por primera vez en un pueblito cerca de Canelones. El saco le quedaba grande; la camisa, chica; la raya del pantalón hacía rato que se había perdido en el tiempo; los zapatos reclamaban betún como el sediento reclama agua. Una colega argentina me dijo: "Ese hombre con esa ropa y esa pinta no puede pretender la presidencia de Uruguay". No sé qué le contesté, pero lo cierto es que un año después ese " croto" fue electo presidente y, como nota a pié de página, registro que mi colega a los dos días de escucharlo estaba fascinada con el personaje. Cosas que pasan.

































