El futuro dirá sobre los posibles desenlaces de esta suerte de escándalo político que compromete a la clase dirigente norteamericana en su totalidad. Por lo pronto, y a menos de dos semanas de la asunción de Trump, las desaveniencias políticas parecen estar a la orden del día. Para muchos norteamericanos, Trump es un trago difícil de digerir y en el mejor de los casos se presenta como una gran incógnita. Recientemente, adquirió estado público que el resultado final de los comicios le otorgaba a Hillary Clinton una ventaja de casi dos millones de votos. Este resultado, por supuesto, no afecta la victoria de Trump en términos legales, pero de una manera sutil, tal vez ambigua, pone en discusión su legitimidad y la propia legitimidad del sistema electoral, ya que dos millones de votos no es una diferencia menor.