No es la primera vez que pasa. Tal como están planteadas las cosas, no será la última porque hay una defección permanente en la dirigencia opositora que termina convalidando la trampa que arma el chavismo y en la que caen quienes deberían conocer el juego al dedillo. El tema es que con cada intento fallido por restituir la democracia en el país caribeño, la desazón, la tristeza por el engaño recurrente no afecta solo al oficialismo sino que también carcome la base electoral de quienes se oponen al régimen.
































