“Si es así, los abogados te dirían que fue un intervalo lúcido”. Me lo comentó un agudo -docto- observador, cuando le señalé que sólo a última hora del miércoles de furia, se concibió el contacto telefónico de Cristina Fernández y Martín Guzmán. La vicepresidenta le aclaró que no pedía su renuncia; evitó una corrida cambiaria y tal vez bancaria en la mañana del jueves.


































