La semana en Santa Fe había arrancado el lunes con el diagnóstico de colapso sanitario; lo habían planteado los directores de los hospitales públicos que habían atravesado un sábado y domingo con las terapias saturadas y prácticamente ocupadas en un ciento por ciento. Por ello, los funcionarios de los nosocomios y hasta los del propio Ministerio de Salud pidieron una reunión al gobernador para solicitarle que se impusiese una Fase 1. El martes, se determinó por resolución ministerial de la cartera educativa que las clases presenciales se suspendieran en los departamentos que habían sido declarados en alarma sanitaria: Rosario, San Lorenzo y La Capital. Mientras tanto, se seguían analizando una serie de medidas para tratar de frenar, sobre todo, la circulación en el resto de la provincia. Esas decisiones se comunicaron mediante la difusión de placas el martes por la noche, pero no hubo decreto hasta el miércoles, y tarde. El texto se difundió después de las 20.30, una vez que el gobernador había concluido su exposición en la reunión virtual que el presidente había convocado con doce mandatarios provinciales, entre ellos, Perotti. Es más, la demora en la comunicación del decreto llevó a muchos a especular con que, quizá, no habría resolución provincial hasta que Nación no definiese sus propias medidas. Pero no, no se esperó; la provincia emitió su decreto y, por 24 horas, quedó desacoplada y desfasada de Nación.