Tokio se convirtió en las últimas semanas en la capital mundial del deporte. Con un juego olímpico que sin dudas quedará en la historia por los efectos del coronavirus, la ciudad japonesa exhibió nuevamente de qué son capaces algunas personas, no solo en materia deportiva sino también desde el punto de vista humano. La imagen del italiano Gianmarco Tamberi y el qatarí Mutaz Essa Barshim compartiendo la medalla de oro tras saltar 2,37 metros es quizá el mayor símbolo de esa simbiosis, pero seguramente habrá una historia similar detrás de cada competencia.
































