- Es una trayectoria, es el camino por el que llegué a ser ministra. La política no es una carrera meritocrática, sino una trayectoria de mucho recorrido personal y laboral porque para mi es inescindible ser peronista, feminista y abogada. Lo de abogada, además, es un orgullo personal porque soy la primera generación profesional universitaria en mi familia: soy nieta de inmigrantes, nieta de ferroviarios, de abuelas trabajadoras en sus casas e hija de padres laburantes. Las militancias feminista y peronista iban por dos carriles separados hasta que en un momento las conjugué; el feminismo atravesó también a los partidos políticos. Yo venía de esa trayectoria cuando el movimiento de mujeres no tenía la masividad que tiene ahora. Empecé a los 22 ó 23 años a militar en la Multisectorial de Mujeres y la persona de mayor cercanía de edad conmigo tenía 40 años o más. Ahí aprendí a tener compañeras y amigas de otras edades; la transversalidad más allá de los partidos políticos es una escuela muy importante para las mujeres de la política. Y la militancia partidaria se dio muy focalizada al ser apoderada: como estudiaba Abogacía, me empezaron a llevar a distintos lugares de la provincia a capacitar sobre boleta única y militábamos.