La ley de emergencia se trata de una norma de excepción que pone en vilo a toda la cadena de valor de la industria de la construcción dedicada a la obra pública, haciendo gala de la arbitrariedad del Estado que, una vez más, pretende que los desequilibrios económicos fruto de los desajustes en el manejo de los dineros públicos por parte de la burocracia política sean pagados a costa del patrimonio de las empresas del sector, los múltiples proveedores de la cadena de valor y fundamentalmente, por los castigados trabajadores de la construcción, que pierden día a día sus puestos de trabajo.


































