La Casa Gris presionaba y en la Legislatura lo mismo hacían algunos de los legisladores más encumbrados del radicalismo, pero en un sentido casi completamente opuesto. El Ejecutivo reclamaba la remoción del fiscal Mauro Blanco, de Venado Tuerto, y en cambio para varios senadores y diputados radicales era suficiente con alguna sanción disciplinaria que no le quite el cargo.



































