Desde el pasado viernes 9 de abril y hasta fin de mes, en principio, rige la restricción que limita la circulación en las calles solo al personal esencial de 0 a 6 y que obliga a los bares a bajar persianas a la medianoche, dejando ingresar a los clientes hasta las 23. En medio de la segunda ola, que está llevando al límite la capacidad de camas crísticas dentro del territorio santafesino, en el sector gastronómico se impone el miedo a un endurecimiento de las políticas de aislamiento. Imploran que no se reedite la cuarentena dura que amenaza a profundizar la crisis del rubro que cobró un sinnúmero de locales.
































