Los abusos ocurrieron en la parroquia María Madre de Dios, de la que era párroco. Las denuncias eclesiásticas –es un procedimiento judicial interno de la Iglesia Católica– se hicieron a los pocos días de la primera denuncia en la Justicia santafesina. Esto significó que la familia de las víctimas debieron volver a declarar los hechos frente a miembros de la Iglesia.
































