La de Vicentin es una novela con final abierto. Si bien su crisis se precipitó hace ya dos años, su futuro es aún incierto. Según los plazos vigentes en su concurso preventivo, la compañía tiene hasta marzo para arreglar con los acreedores, un objetivo que dependerá de múltiples factores, pero esencialmente de acordar un plan de negocios que asegure su continuidad operativa con el pago de deudas en el menor tiempo posible. Caso contrario, se habilitará el proceso de creamdown, del que nadie se anima a pronosticar su resultado.




































