El alacranismo continúa siendo un evento de relevancia para la salud pública en Argentina, especialmente en contextos urbanos y durante los meses de mayor temperatura.
El Boletín Epidemiológico Nacional incorporó al alacranismo como una actualización periódica en profundidad. Los datos muestran una marcada estacionalidad, una fuerte concentración regional y la importancia clave de la vigilancia, la prevención domiciliaria y la producción nacional de antiveneno para evitar cuadros graves y muertes.

El alacranismo continúa siendo un evento de relevancia para la salud pública en Argentina, especialmente en contextos urbanos y durante los meses de mayor temperatura.
Así lo detalla el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), que en su número 792 incluyó un análisis exhaustivo de este evento dentro de la sección de Actualizaciones Periódicas, una herramienta que el sistema de vigilancia consolidó en los últimos años para monitorear de manera más sensible y oportuna problemas sanitarios prioritarios.
Durante 2025, el Ministerio de Salud de la Nación publicó 70 informes bajo la modalidad de Actualizaciones Periódicas de Eventos, lo que permitió un seguimiento flexible y con mayor nivel de detalle territorial.
En ese marco, el alacranismo fue abordado no solo desde la descripción epidemiológica, sino también desde los aspectos operativos de la vigilancia, la prevención y el tratamiento, con foco en los grupos más vulnerables.
Según el BEN, el comportamiento epidemiológico del alacranismo en Argentina mantiene un patrón estacional claramente definido. La mayor cantidad de casos se registra durante los meses de temperaturas elevadas, cuando las condiciones ambientales favorecen la actividad de los escorpiones y aumentan las probabilidades de contacto con las personas.
En 2025 se notificaron 8.933 casos de alacranismo en todo el país. Esta cifra representó una disminución del 6% respecto del año anterior, aunque el evento sigue mostrando una carga sanitaria relevante. La vigilancia permitió identificar que el 97% de los casos se concentran en dos grandes regiones: el Noroeste Argentino (NOA) y la región Centro.
Las provincias con mayores tasas de incidencia anual acumulada fueron Tucumán, La Rioja y Córdoba. Este patrón geográfico, reiterado a lo largo de los años, resulta clave para orientar las acciones de prevención, la distribución de insumos críticos y la capacitación de los equipos de salud.
Desde el BEN se subraya que la actualización periódica de esta información permite focalizar las estrategias de control en las zonas de mayor riesgo.
El análisis por grupos etarios muestra una particularidad relevante. Si bien la mayor cantidad absoluta de casos se registra en personas de entre 5 y 39 años, el mayor riesgo sanitario se concentra en los niños y niñas de 0 a 4 años. En este grupo se observa una de las tasas de incidencia más elevadas, con 22,2 casos por cada 100.000 habitantes.
El Boletín advierte que la vulnerabilidad de los niños pequeños no se vincula solo a la frecuencia de las picaduras, sino también a la mayor probabilidad de desarrollar cuadros clínicos graves. Por este motivo, la detección temprana de los síntomas y el acceso rápido a la atención médica resultan determinantes para evitar complicaciones.
De acuerdo con los datos oficiales, la mayoría de los casos de alacranismo notificados en el país cursan con cuadros leves. En 2025, el 74,4% de los eventos se caracterizaron principalmente por dolor local intenso en el sitio de la picadura, sin compromiso sistémico.
Sin embargo, un 7,3% de los casos fue clasificado como grave. Estos pacientes requirieron atención inmediata en unidades de terapia intensiva y la administración precoz de antiveneno escorpiónico específico. El BEN destaca que la correcta clasificación de la gravedad y el manejo clínico oportuno son fundamentales para reducir el riesgo de desenlaces fatales.
Un dato relevante del informe es que durante 2025 no se registraron fallecimientos por alacranismo en Argentina. Según el análisis oficial, este resultado se vincula con el fortalecimiento de la capacidad de respuesta del sistema de salud, el acceso oportuno al tratamiento y la disponibilidad del antiveneno en las jurisdicciones con mayor carga de casos.
Uno de los ejes centrales de la actualización periódica sobre alacranismo es la producción nacional del antiveneno escorpiónico. Argentina elabora este insumo estratégico a través del Instituto Nacional de Producción de Biológicos de la ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán”, lo que garantiza el abastecimiento para el sistema público de salud.
El BEN señala que el antiveneno producido en el país es efectivo para neutralizar el veneno de las principales especies de relevancia sanitaria, pertenecientes al género Tityus. La producción depende, en parte, de la colaboración de las jurisdicciones en la captura de ejemplares vivos, un aspecto operativo que se refuerza de manera sistemática en los informes de actualización.
La vigilancia del alacranismo no se limita a la notificación de casos humanos. También incluye el seguimiento de la distribución de las especies de importancia médica, su comportamiento en entornos urbanos y la articulación con las áreas provinciales para asegurar la provisión de suero antiescorpiónico donde más se necesita.
El Boletín Epidemiológico Nacional remarca que el alacranismo es un evento prevenible. Dado que las especies de mayor relevancia sanitaria son sinantrópicas, es decir, se adaptan con facilidad a ambientes urbanos, gran parte de las medidas de prevención se concentran en el ámbito domiciliario.
Entre las recomendaciones se incluyen acciones de protección personal, como revisar y sacudir ropa, calzado y ropa de cama antes de usarlos, evitar caminar descalzo y extremar cuidados al manipular cajones, estantes u objetos almacenados.
En el interior de las viviendas, se destaca la importancia de colocar rejillas en desagües, sellar grietas, instalar burletes y reducir los sitios oscuros que puedan servir de refugio.
En el entorno peridomiciliario, el BEN subraya la necesidad de mantener la limpieza de patios y alrededores, evitar la acumulación de escombros y controlar la presencia de cucarachas, principal fuente de alimento de los alacranes. El uso de plaguicidas, aclara el informe, debe considerarse solo como última alternativa y siempre con asesoramiento especializado.




