El consumo que más creció es el de ansiolíticos y antidepresivos que se venden ilegalmente en comercios formales. La trazabilidad e identificación de las drogas desapareció como política de Estado. Sin la prensa que rodea al narcotráfico, pero con similar daño a la salud pública, la rentabilidad extraordinaria del mercado negro ha transformado a titulares de droguerías en parte de un sistema criminal que incluye cuentas off shore, en paraísos fiscales, que han pasado desapercibido en las filtraciones de los últimos años.

































