-Nos cambió íntegramente y para siempre. Lo más cercano a un problema de salud que tuve con mi primer hijo fue una faringitis. León me abrió un universo nuevo de posibilidades en todos los sentidos, un universo también real, que existe y está ahí. Su diagnóstico me interpeló por completo. Siempre digo que cuando nos enteramos de la Trisomía 21, si bien las primeras horas fueron difíciles, luego nos preparamos muchísimo para recibirlo de la mejor manera y que su nacimiento/vida sea una fiesta. No conocíamos a nadie cercano, no teníamos preconceptos ni prejuicios, hicimos nuestro propio camino. Pero cuando llegó el diagnóstico de la insuficiencia renal, todo nuestro mundo se vino abajo. No sabíamos ni dónde estábamos parados, ni siquiera teníamos mucha idea de la importancia de los riñones. Si bien ambos éramos donantes, no estábamos involucrados, no sabíamos que existía esta realidad: la de niños y niñas en lista de espera para vivir.