Sin embargo, a consideración de Comesaña, con una ley de rotulado no alcanza si no funciona otra pata fundamental de la norma: la educación y promoción de la alimentación saludable. Si se tiene en cuenta los datos proporcionados por la SAN, los alimentos envasados,- los únicos afectados por la ley-, no representan más del 35 % del volumen físico de la dieta promedio de la población. Es decir, que al final de cuentas sigue recayendo en los consumidores el tomar "las decisiones correctas" a la hora de elegir y preparar sus comidas. "Por ejemplo, tomemos algo que le gusta a gran parte de la población argentina: comer bizcochitos de grasa con mate. Si yo los compro a una empresa que los pre-envasa fuera de la vista del público, probablemente termine con cuatro sellos: exceso de calorías, de sodio, de azúcares y grasa. Pero si voy a la vuelta de mi casa a la panadería y compro los mismos bizcochitos, no nos vamos a encontrar con ningún sello de advertencia. Creo que en líneas generales el público tiene poca información y comprensión de lo que significa una dieta y un estilo de vida saludable y para eso se requiere que la autoridad de aplicación lleve a cabo campañas realmente efectivas. Si no, perdemos el foco de la ley".