Centralmente, esas captaciones eran realizadas sobre niñas y niños en situaciones de pobreza y vulnerabilidad, a quienes bajo una “persuasión coercitiva” les hacían creer que la líder de la organización era una persona con un poder supraterrenal que iba a salvarlos e iluminarlos. Una vez cooptados, eran obligadas y obligados a vivir en condiciones deplorables, carentes de higiene y con una alimentación degradante. No se podían comunicar con sus familias, no se les permitía ir a la escuela y quedaban, además, sin su documentación personal. También eran obligados a trabajar en una panificadora que poseía la organización, dice el parte del Ministerio de Seguridad.