Después de diez largos años, la lejana y hermosa Neuquén apareció por estas horas completamente nevada. Las calles están todas blancas, igual que el poco pelo que le queda al gran maestro Rubén Cheves, formador inolvidable de una camada extraordinaria de jugadores sabaleros que llegaron a brillar con la sangre y luto en la Primera División del fútbol argentino.




































