— Apenas tenía 8 años, muchos recuerdos de infancia y casi todos con una pelota, una remera casera de Colón hecha por una de mis tías abuelas (que tenía los colores al revés porque la copió de una foto) o con ambas cosas juntas. Preparamos todo para irnos el día anterior a Córdoba, y ya en la ciudad y la ruta veía el movimiento del pueblo sabalero. Venta de caballos para juntar guita, gente yendo en motos, era algo histórico. Ese día partimos temprano desde Río Ceballos, que es dónde parábamos para dormir, recorriendo los 30 kms que separan esa ciudad del estadio mundialista Chateau Carreras. Llegamos unas cuantas horas antes y ya las inmediaciones del estadio eran una marea rojinegra. La popular totalmente colapsada, mucha gente afuera con las entradas en la mano. Recorriendo las puertas de ingreso, uno de mis tíos ve que había un alambrado de unos 4 o 5 mts, que del otro lado daba a una explanada de cemento, por la que se podía acceder a la platea que hasta ese momento era para la gente de Banfield, pero no tenía prácticamente gente, y ya se habían corrido para el lado de la popular al ver la cantidad de gente de Colón que había afuera. Entonces uno de mis tíos se trepa por ese alambrado, ve que el panorama estaba bien como para que subamos los dos más chicos, los hacemos con mi primo y después sube uno de mis tíos. En ese momento llega un policía para pedirle que se baje, pero logran persuadirlo para que ‘mire para un costado y poder bajarse... pero del lado de adentro’. Ya con 4 de los 6 dentro, quedaban afuera mi viejo y uno de mis tíos. Cuando la policía empezó a organizar un poco la cosa para que la gente pueda entrar a ese sector, mi viejo abrazó del hombro a una embarazada para que la dejen pasar entre tanto tumulto (y aprovechó para mandarse él), y mi otro tío pasó cuando abrieron definitivamente los portones de ingreso. Ahí es dónde se da esa primera foto, en la larga espera por el partido. Si mal no recuerdo, el partido preliminar fue uno de glorias de Córdoba o algo por el estilo.