Para algunos será importante, para otros será relativo y para otros no tendrá trascendencia. Los campos de juego se han convertido en un tema recurrente en esta incursión de Colón por la Primera Nacional. Le ha tocado de todo y con resultados para todos los gustos. Uno de los partidos que resolvió con facilidad, lo jugó en una cancha corta en lo largo, angosto en lo ancho y con un piso que dejaba muchísimo que desear: la de Brown de Adrogué. Goleó gustó. Después, “sufrió” la cancha de San Telmo y amagó con tener una buena tarde pero no la supo concretar en la de Nueva Chicago (una de las mejores de la divisional). En el medio pasaron canchas secas y duras (la de Chaco For Ever), con inclemencias climáticas importantes (la de Deportivo Madryn) y desparejas e imposibles de poner la pelota contra el piso (la de Almagro). Ahora, le ha tocado una cancha de dimensiones reducidas como la de Atlético de Rafaela y así como pasó en la previa del partido en Adrogué, hubo en este caso una preparación especial.


































