Mientras no sople el Zonda, San Juan tiene una tranquilidad que no condice con las desgracias sufridas a lo largo de su historia. Aquél terremoto de enero de 1944 duró apenas 7 segundos, pero fueron suficientes para que 100.000 personas -casi toda la ciudad- se quedara sin techo y que 10.000 personas dejaran de existir. Treinta y tres años después, en 1977, el epicentro se dio muy cerca de esta capital, en Caucete. Las víctimas fueron muchas menos, aunque el sismo duró 20 segundos. En una y otra oportunidad, San Juan se reconstruyó. Basta con mencionar los peligros a los que está expuesta esta zona por obra de la naturaleza, para entender de qué manera se preparan los sanjuaninos para eludir sus devastadoras consecuencias. El claro ejemplo es que cualquier sanjuanino le dará, al visitante, un par de consejos: "no subas a un ascensor" y "ubicate debajo del dintel de las puertas, porque las construcciones están preparadas para que la gente pueda encontrar allí un refugio". Están preparados. En el sufrimiento, encontraron fuerzas para no dejarse caer.


































