No perdió ni una vez en el segundo tiempo. Sinceramente, el aprendizaje de Franco Calderón se está haciendo a pasos agigantados. Llegó a la primera de Unión para quedarse, más allá de que le costó algunos meses. Es que la figura de Yeimar Gómez Andrade opacaba la aparición de cualquier jugador de inferiores. El moreno colombiano y Bottinelli se habían convertido en una zaga de experiencia, sabiduría, fuerza física y entendimiento. No había reproches ni dudas respecto de la respuesta que ambos brindaban, hasta que Yeimar se fue a pocos días de empezar el torneo y este chico que había debutado ante San Martín de Tucumán en la Copa de la Superliga pasada y que luego tuvo algunos pocos minutos más, como aquel ingreso ante Boca en una actuación para olvidar del equipo pero rescatable de él, tuvo ahora la oportunidad de contar con una prioridad. Vino Jorge Zules Caicedo, otro colombiano con cierta experiencia, pero Madelón confió en el pibe. Lo tiró a la cancha para marcar a delanteros complicados y experimentados en esta apertura de año, como el Tanque Silva, Cauteruccio, Santos Borré y ahora Di Santo o el experimentado Ricardo de Oliveira. Pero el pìbe se la “bancó” y fue gran figura en el segundo tiempo, casi a la par de un Sebastián Moyano de notable actuación también. Y eso que Calderón tuvo que salir a flote de una situación difícil, porque cuando todavía no se había llegado al tercio del partido, el árbitro le cobró una infracción que no existió adentro del área, permitiendo el penal con el que Mineiro se puso a tiro de igualar la serie, cosa que no aconteció, en gran parte, por el gran trabajo de Calderón y de Moyano.



































