Hubo un plan previo. Estudiado, pergeñado, evaluado y pensado por Madelón. Ese plan previo tenía un eje principal: tener un poco más la pelota y quitarle ritmo al rival. Con Carabajal y una línea de cinco volantes (Milo jugó más en el medio que atrás por el sector izquierdo), el objetivo era copar el mediocampo y evitar que Mineiro se venga con tanta gente. ¿Se cumplió?, no. Y eso tornó peligroso el partido, casi lapidario. Iba media hora y Unión se quemaba en su propio infierno. Desconcertado, impreciso, desconfiado de sus propias fuerzas, dubitativo, muy débil y perdedor en todos los sectores de la cancha, Unión no sabía cómo frenar a un Mineiro que era todo lo contrario: confiado, de buen juego, abriendo la cancha por los costados y metiendo esos centros que, ante una defensa con escasos recursos en ese aspecto, temblaba cada vez que llegaba una pelota llovida sobre el área de Moyano.



































