Es cierto que se dio una circunstancia muy especial: Boca estaba a dos días de jugar la segunda final de la Copa Libertadores, ante América de Cali y, por tal razón, el Toto Lorenzo puso suplentes. Pero en ese momento era el equipo de moda del fútbol argentino. Había sido bicampeón en el 76, había logrado la Libertadores por primera vez al año siguiente (le ganó la final a Cruzeiro) y en ese 1978 había sido campeón del mundo venciendo al Borussia de Alemania (2 a 2 en la Bombonera y un lapidario 3 a 0 en Alemania) en una final intercontinental muy particular pues, en realidad, Boca debió haber enfrentado al campeón de Europa, que fue el Liverpool de Inglaterra y, como desistió de jugar esa final, lo hizo frente al subcampeón.





































