Fue una mezcla rara de sensaciones. Primero, la ansiedad, la expectativa y la emoción de todos los tatengues. Vimos gente que entraba llorando al 15 de Abril. Algunos perdieron sus seres queridos en este año y medio largo de pandemia. Y quizás, con esos mismos seres queridos que ya no están, cumplían el impostergable ritual de la venida al estadio; esos domingos -o el día que fuere- de almuerzo apurado, de la camiseta rojiblanca lista, del paso también apresurado por las calles adyacentes al estadio y de la llegada a la tribuna para saludar a esos mismos "amigos de la cancha", a esas caras conocidas que cada quince días formaban parte de ese "culto de la pasión" que significaba llegar al estadio para ver al club de sus amores.
































